jueves, 12 de febrero de 2026

˚⋅⊹₊Demasiado control, demasiado vacío: el suicidio˚⋅⊹₊


˚⋅⊹₊Demasiado control, demasiado vacío: el suicidio˚⋅⊹₊

Siempre solemos pensar que el suicidio es una decisión solo de uno mismo. Algo que pasa a solas, en la intimidad de una habitación. Pero yo creo que no es algo tan privado como pensamos. Durkheim decía que incluso en esto tiene mucho que ver la sociedad, porque depende de cuánto encajamos en el mundo o de cuánto nos agobia el entorno.

Él explicaba que vivimos un lío de normas, valores y cosas que se esperan de nosotros. A veces ni nos damos cuenta, pero están ahí y nos condicionan más de lo que creemos. La sociedad tiene una fuerza que no se ve pero que se siente. Casi todo lo que hacemos está marcado por reglas: la escuela, la familia, las costumbres... incluso a qué hora comemos o cómo vestimos. Estas reglas, que él llamaba "hechos sociales", ya estaban ahí antes de que naciéramos y nos presionan para que las sigamos. No es que puedas elegir si quieres que te afecten o no, son simplemente el sitio donde nos toca vivir.

Según Durkheim, para que la sociedad vaya bien, todas las partes tienen que funcionar juntas, como los órganos de un cuerpo. Por eso decía que cuando hay cambios grandes, la gente se desorienta o ‘’falla un órgano’’. Esto tiene que ver con la "solidaridad", que es lo que nos mantiene unidos. Él decía que antes (solidaridad mecánica) todos éramos más parecidos y compartíamos el mismo tipo de vida, como en el campo. Pero ahora (solidaridad orgánica) somos todos distintos y dependemos unos de otros para que todo ruede. Por ejemplo, el médico necesita al panadero y el panadero al médico.

El problema es que estos cambios a veces son algo desastre. Cuando las reglas fallan o todo va demasiado rápido aparece la "anomia". Es esa sensación de vacío, de estar perdido y no saber qué sentido tiene nada. La vida hoy puede ser muy agobiante y si no tienes una guía clara es normal no saber por dónde tirar.

Con todo esto, Durkheim se preguntó cómo la sociedad podía influir en algo tan personal como decidir si quieres seguir viviendo o no. Él no lo vio como algo solo psicológico, sino como un fenómeno social. Para él, todo dependía de dos ejes: cuánto te sientes parte del grupo y cuánto te controla la sociedad. Así sacó cuatro tipos:

  • Egoísta: Cuando no estás conectado con nadie y te sientes solo de verdad.

  • Altruista: Cuando el grupo es tan importante que das la vida por ellos, como un soldado o un kamikaze.

  • Anómico: Cuando hay una crisis y todo cambia de golpe, como pasó en el crack del 29.

  • Fatalista: Cuando las reglas te agobian tanto que sientes que no tienes libertad ninguna.

Con esto en mente, hay muchas películas donde se ve esto muy bien. El cine nos enseña lo que decía Durkheim: que hasta lo más íntimo está conectado con la sociedad.

En El club de los poetas muertos, la historia pasa en un internado súper tradicional donde lo más importante es obedecer. Allí conocemos a Neil, un chico que ama el teatro pero su padre ya le ha planeado toda la vida como médico. En la película agobia todo su entorno: el uniforme, la presión y la autoridad. Todo está tan cerrado que no hay hueco para ser diferente. Aquí se ve el suicidio fatalista. Neil no está solo, está atrapado. El sistema cree que funciona bien manteniendo el orden, pero Neil se acaba asfixiando porque no tiene voz propia.

Por otro lado, Inocencia interrumpida trata de un psiquiátrico en los años 60. Una de las chicas, Daisy, es muy frágil y se siente súper sola. El hospital no es rígido como el internado, pero es como un limbo donde las chicas están juntas pero no conectadas de verdad. Aquí encaja el suicidio egoísta. No es que falte gente, es que los vínculos no funcionan. Daisy siente que no encaja y el mundo no le da un sentido de pertenencia real.

Y por último en Las vírgenes suicidas, se ve una mezcla de las dos cosas. Tienen unas reglas súper estrictas en casa, pero a la vez una comunidad fuera que las mira como bichos raros sin entenderlas. Están rodeadas de gente y, aun así, están totalmente solas.

Al final, lo que saco de todo esto es que el suicidio, aunque parezca algo súper privado y silencioso, nunca está desconectado del mundo. Siempre hay o unas normas que te agobian demasiado o unos lazos con los demás que no son suficientes para aguantarte. Siempre hay un fallo en ese equilibrio entre la persona y la sociedad en la que vive.

A lo mejor por eso el cine ayuda a ver algo que a veces se nos olvida: que incluso nuestras decisiones más personales están marcadas por lo que la sociedad espera de nosotros o por lo que nos falta. Y entender esto no es quitarle importancia al dolor de cada uno, sino darnos cuenta de que vivimos (y también sufrimos) dentro de una red social que influye en nosotros mucho más de lo que pensamos.


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