bienvenido

₊˚⊹⋆。°‧₊˚✧ BIENVENIDAS A MI BLOG ♡。⋆。˚₊˚✩

martes, 3 de febrero de 2026

No quiero aprovechar cada momento

 


No quiero aprovechar cada momento (y está bien)

‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿‿


A veces no quiero aprovechar el momento. No quiero que todo sea importante o significativo, simplemente estoy teniendo un día tranquilo, no estoy desperdiciando el día o mi vida. Me agota sentir que cada rato libre tiene que servir para algo "útil" o especial. Y lo peor de todo no es sentir eso, sino la culpa que viene después por no estar haciendo nada, como si descansar de verdad fuera un error en el sistema.


La trampa de la productividad constante

Vivimos en una sociedad que nos ha acostumbrado a que todo sea ya, rápido y corto. Parece que si no estás haciendo algo súper heavy o "mejorando" en algo te estás quedando atrás. Ves que una chica de tu clase se ha ido de viaje a no sé dónde y piensas: "¿Y yo qué?". Pues yo estoy en mi casa, ¿y qué más da? No hace falta que todas las semanas tengan un plan súper especial para no sentir que has "perdido" los siete días.
Claro que hay que ser productivo y no quedarse estancado (que todos tenemos facturas y metas), pero hay que hacer lo que uno puede, quiere y le apetece a su propio ritmo, no al ritmo de los demás por pura presión social. Creo que este es el origen real del fomo. Nos han vendido que si no estás en todas partes, no estás viviendo. Pero tío, a veces me apetece estar toda la semana en mi casa y no salir. No hace falta que cada mes me vaya de viaje para validar mi existencia.

El engaño del "no me va a dar tiempo"
Yo soy la primera persona que en el fondo a veces piensa que no me va a dar tiempo a hacer todo lo que quiero hacer en mi vida, sobre todo a nivel laboral. Pero es mentira. Nos meten prisa desde los 16 años (cuando nos toca elegir a que nos vamos a dedicar el resto de nuestra vida, otro tema del que hablar), como si la vida se acabara a los 40, cuando seguramente nos jubilemos a los 70 si es que podemos.
Esta impresión falsa de urgencia nos la han inculcado por el método de producción y consumo que tenemos. Queremos vídeos cortos de 15 segundos, rápidos, sin demasiada información y al siguiente. Y lo peor es que hemos aplicado esa mentalidad de tiktok a todos los aspectos de nuestra vida: queremos el éxito ya, el viaje ya y el cuerpo ya. Deberíamos tranquilizarnos colectivamente y entender que las cosas llegan cuando uno realmente las busca con calma, no por correr más.

Redes frente a la realidad
El problema de todo esto es que mucha gente se queda en su casa viendo historias de Instagram y sintiéndose mal porque tal persona está en Taiwán o en un evento super chulo. Em... ok, pero yo estoy agustísimo en mi casa o me he ido a tomar un café con mi amiga, y eso está bien. No hace falta hacer "grandes cosas", viajes o proyectos todo el rato para que tu día tenga valor.
Si a ti te gusta viajar y te lo pasas bien (y puedes económicamente, que ese es otro tema aparte), pues sigue haciéndolo. Pero no lo hagas porque toca. La mayoría de lo que vemos en redes es una selección de los mejores 5 segundos del día de alguien. Nadie sube una foto de su tarde de aburrimiento en el sofá, pero eso no significa que esas tardes no sean necesarias.

Cómo bajar las revoluciones
No se trata de volverse un vago, se trata de recuperar el control de tu tiempo. Aquí dejo lo que intento aplicarme cuando la culpa me empieza a picar:
Acepta que el tiempo no se "pierde": El tiempo se vive. Si has decidido estar tirado viendo una serie porque te apetecía, ese tiempo ha cumplido su función.
Desconecta del escaparate: Si ver lo que hacen los demás te hace sentir que tu vida es una basura, apaga el móvil o cambia de aplicación. Tu realidad es la que tienes delante, no la que brilla en la pantalla.
Busca tu propio ritmo: Haz las cosas cuando tú quieras. Si te apetece apuntarte a un curso, hazlo por aprender, no por rellenar el currículum por miedo a quedarte atrás.
Valora lo pequeño: Un café con calma, leer un rato o simplemente no tener alarmas. Esas son las cosas que de verdad te dan paz mental.

La referencia de "Mi año de descanso y relajación"

Todo esto me recuerda mucho al libro Mi año de descanso y relajación. Si no lo conocéis, la protagonista decide lit meterse en su piso de Nueva York y dormir durante un año entero a base de pastillas para "resetear" su vida y dejar de sentir la presión de un mundo que no le llena.

Obviamente es una ficción extrema (a nada estoy de hacer lo mismo), pero la idea de fondo me gusta muchísimo: esa necesidad de decir "basta", de apagarse y de negarse a participar en la rueda de la productividad y esa fachada de que todo en nuestra vida es perfecto. Ella busca una especie de renacimiento a través de la inactividad total. Y aunque no nos vayamos a encerrar un año, creo que todos necesitamos un poco de esa energía: la de entender que no hacer nada no es estar muerto, sino a veces, es la única forma de volver a encontrarse.


Conclusión
Al final, creo que la virtud está en saber cuándo toca apretar y cuándo toca soltar. Estar en casa sin hacer nada "productivo" no es tirar la vida, es vivirla a tu manera. No somos máquinas ni de producción ni de nada. Quererse también es permitirse ser "aburrido" de vez en cuando y no pedir perdón por ello.
La vida es muy larga y no por correr más llegas a un sitio mejor. A veces, el mejor sitio donde puedes estar es simplemente donde te apetezca estar en ese momento, aunque sea en tu sofá.


No hay comentarios:

Publicar un comentario